miércoles, 23 de septiembre de 2015

ÉXITO DEL PORNO CASERO GAY EN INTERNET



Uno de los motivos por los que se generó el porno fue la necesidad de consumir vídeos -y quien dice consumir quiere decir “estimularse visualmente con el fin de excitarse o aumentar la excitación”- en los que se vieran actos de los que obviamente todo el mundo tenía constancia, pero que no solían representarse de forma explícita delante del público, a excepción, claro está, de celebraciones privadas en vivo y en directo con más o menos gente y grados de interactividad.

El porno casero, en auge

Pero el nacimiento del cine significó el nacimiento de la posibilidad de grabar y posteriormente emitir lo que fuera, y el sexo es una de las cosas que despiertan más curiosidad en el ser humano. Además, entre todas las filias que existen, el voyeurismo es de las más extendidas, porque a todos nos gusta ver, nos quedemos más o menos rato mirando.

El caso es que, cuando nos iniciamos en el consumo del xxx, generalmente bastante jóvenes, lo hacemos porque es bien posible que sea el medio a través del cual vemos por primera vez algo de lo que se nos había hablado, sobre lo que habíamos leído y de lo que queríamos ser partícipes llegado el momento, pero que no habíamos tenido ocasión de ver hasta entonces.
Los videos xxx representan el acceso a lo que normalmente nos está prohibido, lo que a su vez nos genera más curiosidad, y una vez vistas las típicas imágenes de coito y felaciones heterosexuales, si seguimos en el mundillo, tendremos ocasión de encontrarnos con géneros de todo tipo, entre ellos el porno casero, o el porno gay.

Se trata de dos géneros que tienen una demanda cada vez mayor. El primero, porque cuando hay tantos millones de vídeos disponibles y de acceso rápido y gratuito gracias a internet, lo industrial aburre, nos gusta lo diferente y si las personas que aparecen en los vídeos se asemejan a nosotros, con sus cuerpos normales y sus movimientos encantadoramente torpes, nos sentimos identificados con ellas y en el fondo nos gusta más que lo estéticamente impecable.

El segundo, porque homosexuales ha habido siempre, pero la apertura con la que se trata la cuestión, si bien queda muchísimo camino por recorrer, es cada vez mayor y estamos mucho más cerca de la normalidad que hace tan solo unos años. Pero aún ahora ver vídeos de sexo explícito entre dos personas del mismo sexo tiene algo de subversivo, de rebelde, de clandestino. Porque se ve menos, y por lo tanto despierta más curiosidad entre aquellos que no están acostumbrados a verlo –hay muchísimos heterosexuales, de los que ante los amigotes afirman categóricamente que “jamás se lo montarían con un tío”, que de vez en cuando ven vídeos de este tipo, quién sabe si porque en el fondo se encuentran sexualmente escondidos en un armario-.

Pero también porque, habiendo aumentado la aceptación de los gays en la sociedad, empezando por ellos mismos, nace una demanda de pornografía orientada al consumo por parte de los homosexuales, como es lógico. Lo habitual es que a cada uno le guste lo suyo, y si es abierto de mente curioseará por otros terrenos.

Así pues, existiendo un aumento de la oferta y la demanda de pornografía casera, y lo mismo con la homosexual, la combinación de ambas propuestas es doblemente interesante, e incluso va más allá de la multiplicación por dos. Como los heterosexuales, los homosexuales también quieren ver vídeos de las relaciones íntimas de aquellos que han decidido compartirlas y que tienen un aspecto y unas actitudes cercanas al gay de a pie, el que no necesariamente está fornido, ni exhibe unos músculos de gimnasio, ni tiene los típicos tatuajes, ni va obligatoriamente depilado de arriba abajo.


Todos tenemos unos ideales, sí, y recurrimos a ellos en multitud de ocasiones, pero también necesitamos referentes, y esto se aplica tanto a las personas que se sienten atraídas por el sexo contrario como a las que prefieren encontrarse con unos cuerpos que tienen los mismos miembros que los suyos. Nos gustan cosas distintas, pero los conceptos son idénticos.